miércoles, 5 de mayo de 2010

4 escenas de la vida de Blanca Lewin

En esta entrevista, la actriz habla de su maternidad, del bullying que sufrió cuando niña, de su pasado de estrechez económica y de cómo todo esto la convirtió en la mujer que es hoy. "Hubo períodos muy duros económicamente, que me ayudaron a forjar el espíritu. Hay gente que nunca pasa hambre y después se enfrenta a vivir sin estufa. No quiero eso para mi hija, pero no le puedo hacer la vida tan fácil".

Escena 1: La maternidad
"Trabajé en la radio hasta el día antes de parir a mi primera hija, Marina, hace un año y dos meses. Era el único trabajo que estaba haciendo, y no me demandaba ningún esfuerzo físico. Llegaba, me sentaba frente al micrófono y listo. Poco a poco, después de un período de trabajo intenso, sobre todo por la teleserie "Lola", vino una etapa de tranquilidad. Ya no tenía compromisos laborales. Cuando eres actriz y esperas guagua no puedes hacer muchos proyectos, es algo natural, sin papeleos. Lo que no sé si es una ventaja o desventaja. Por un lado, eres más libre, pero, por otro, aunque yo tuve una situación bastante privilegiada, lo normal para las actrices es quedarse sin nada, con las manos vacías.

Para mí era muy necesario parar y se dio el escenario ideal para todas las cosas que se me venían en la vida. (La maternidad) ha sido un proceso muy natural. No es que haya sido: Ohh, todo cambió, me deprimí. Todo lo contrario. No soy una mamá joven, por lo tanto no tengo esa ansiedad de haber dejado cosas por hacer. (Mi hija) llegó en un momento ideal después de haber hecho un montón de cosas en la vida. Tenía que llegar ya. Había tomado en brazos a otras guaguas. Había mudado a otras guaguas.

Nunca pensé que un embarazo fuera a ser un problema para mi carrera. Eso no estaba dentro de mis preocupaciones. Simplemente, estaba concentrada en lo que estaba haciendo.
Al mes de nacida, volví al trabajo en la radio, pero porque me quitaba sólo una hora tres veces a la semana, que no es nada. Iba y volvía. Aparte de eso, estuve exclusivamente con ella casi un año. Y ahora, el ritmo de la teleserie "Feroz" es muy tranquilo si lo comparo con "Lola". Me deja tiempo para estar con mi hija. Es una situación privilegiada, la verdad.

Ahora estoy retomando el ritmo. No me costó volver, porque ser actriz es lo que me gusta hacer. Pero junio será un mes delicado en cuanto al tiempo. Voy a estar con la obra "La casa de los espíritus", con "Feroz", trabajando en la radio. También se estrena "La vida de los peces", la última película que hice con Matías Bize. Más adelante comienzo con la serie "Prófugos", para la cadena HBO. Pero soy organizada. Cuando se me topan demasiadas cosas, siempre logro que no sea durante largo tiempo. No estoy para nada angustiada. El único problema es que se me va la nana, justo ese mes: tengo que ver cómo me las voy a arreglar. Pero es solucionable.
Creo que me he vuelto una persona menos ansiosa. Culpas puedo tener, pero la maternidad me ha hecho una persona más relajada".

Escena 2: Bullying en Estados Unidos

"En 1987 me fui a vivir a Estados Unidos. Mi mamá vive allá hace casi tres décadas. Fue una etapa muy importante en mi vida, tenía 13 años, una edad muy complicada. Irme a vivir fuera en ese período no sé si fue la mejor decisión que pude haber tomado. Pero también fue un período muy rico, en el sentido de que aprendí millones de cosas que me han servido hasta hoy. Ese año fue determinante para el resto de mi vida.

Partir fue una decisión mía. La de volver, también. Pienso que tenía otra imagen de lo que significaba irse a Estados Unidos en ese momento de la vida. De hecho, cuando a mi papá le conté que viajaba, me dijo: OK, pero si decides volver no te puedes arrepentir. Tienes que terminar en Chile todos tus estudios. Entonces, cuando tomé la decisión de regresar, fue teniendo plena conciencia de que era una decisión definitiva. Era chica, pero estaba advertida. Era chica, pero era responsable.

Primero viví en Silverspring, un suburbio cerca de Washington DC, un área donde había muchos latinos, personas de todas las nacionalidades que uno pudiera imaginar. Fue raro llegar al colegio; apenas hablaba inglés.

Me hicieron bullying. Unas niñas afroamericanas, guapísimas, me pegaban. No sé por qué. Un día me pegaron un combo en el ojo. Pero jamás llegué llorando a mi casa. Siempre me he preguntado por qué los niños, cuando les pasan estas cosas en el colegio, no les cuentan a los papás, por qué no hay ese nivel de confianza. Ahora lo pienso: ¿por qué no le conté a mi mamá que me habían pegado? ¿Sería vergüenza?, ¿qué? Y la respuesta que tengo es que a esa edad las preocupaciones no están centradas en tu casa. Le conté a mi amiga, me quejé con un compañero. Mi conflicto estaba ahí, en el colegio. A esa edad uno vive tan intensamente que no lleva los asuntos más allá. Tu grupo de referencia es tu entorno, tus amigos.

Después nos fuimos a vivir al campo, a la mitad de la nada, así que pasé todo el verano sola, escribiendo cartas a mis amigos. Aprendí a hacer unas pulseras de nudos preciosas. Desarrollé el dibujo, la artesanía, la escritura: redacté muchos diarios de vida. Ese colegio era totalmente distinto al otro: aparte de dos hermanas afroamericanas, yo era la única extranjera en todo el colegio. Para ellos era una extraterrestre. Las amigas que tenía se me acercaron porque yo era lo más raro que habían visto en sus vidas. Me acuerdo que me iba con un compañero en el bus y él me preguntó dónde estaba Chile. Cuando le dije "en Sudamérica", me contestó: "Ahh, cerca de Florida". Él no entendía que Sudamérica no era el sur de los Estados Unidos de Norteamérica. Fue un período muy duro también. Me aburrí muchísimo. Pero fui bastante bien acogida.

Aunque estuve un año entero en Estados Unidos, de enero a diciembre, la decisión de volver la había tomado mucho antes, a los dos meses de haber llegado. Pero tuve que esperar el año entero. Obviamente, mi mamá no quería que yo regresara a Chile: yo me había ido a vivir para siempre con ella. Y, por otro lado, mis papás acá no tenían plata para traerme de vuelta. Tuve que esperar un año que la juntaran para poder venirme. Feroz".

Escena 3: Una actriz de méritos

"Nunca me he sentido una actriz muy talentosa. Sí soy una persona muy trabajadora. Creo que eso está dando frutos, y me ha llevado a convertirme en una actriz de ciertos méritos.

Algo que te puede asegurar trabajo como actor es saber dónde estás parado. Ser una persona ubicada. Hace algunos años, amigos e incluso actores opinaban que yo era muy poco actriz. No sé muy bien qué significa eso, pero sí puedo decir que yo también me sentía muy poco actriz. No porque fuera menos loca o demasiado normal, porque he descubierto, con el tiempo, que las actrices en general son muy centradas.

Cuando estaba en la escuela de teatro yo decía, muy convencida, que nadie podía creer ser actriz hasta después de haber trabajado por lo menos diez años. Finalmente, pienso que es así. Con el tiempo me he sentido más actriz. Recién ahora siento que me parezco un poco a ese perfil que tenía en la cabeza, y que tiene que ver con ciertas maneras de ver la vida, desprejuiciada, y cierto nivel de locura también. El tema es por dónde canalizas esa locura, esas perversiones, deseos ocultos, que todo ser humano tiene. Los actores, por suerte, tenemos una vía por donde las podemos canalizar, que es nuestro trabajo, los personajes que hacemos. Por eso no tenemos que andar haciendo tonteras. Aunque igual las hacemos, hay que decirlo. Como todos. Por eso la gente cree que somos más locos, porque de alguna manera nos permitimos expresar nuestras perversiones.

Ahora me siento una actriz de verdad. Hoy día puedo decir: esto es lo que hago. En los medios en algún momento me bautizaron como "la actriz multimedia", porque hacía radio y otras cosas. Bueno, sí, tengo diversos intereses y he hecho distintas cosas que me han permitido manejar cierta estabilidad en mi vida, que me han permitido arriesgarme y no depender de un solo medio. Pero ser actriz es mi trabajo, es mi oficio, lo que me apasiona. Lo demás no es una urgencia.
Mi realidad es buena en este momento, estoy llena de proyectos. Pero sé que es un momento que dura muy poco. A medida que te vas acercando a los cuarenta, los trabajos son cada vez menos para las actrices. Por ahora, no lo estoy viendo con angustia, porque estoy bien, pero veo a algunas colegas y me da un poco de pudor contar que quedé en esto o que voy a hacer esto otro, porque me dicen: ¿sabes de algo para mí? Tengo amigas actrices -buenas actrices, de trayectoria- un par de años mayores que yo, cuatro, cinco o seis, y es muy dura la vida para ellas en este momento. Y sé que para mí también lo va a ser. De alguna manera uno tiene que entender que eso viene, que hay que ahorrar, aprovechar los trabajos y, cuando llegue, vivir ese proceso ojalá con la menor ansiedad posible, intentando ampliar tus horizontes profesionales, pensando en hacer otras cosas. Yo he puesto una patita por aquí, otra por allá. Me he asegurado un poco".

Escena 4: La estrechez económica

"En algún momento de mi vida tuve muchas carencias económicas. No toda mi vida fui pobre, pero hubo períodos muy duros que me ayudaron a forjar el espíritu. Hoy lo veo como algo positivo. Hay gente que nunca pasa hambre y después se enfrenta a vivir sin estufa. No sé si todo el mundo debiera vivir esto: no lo quiero para mi hija. Pero, por otro lado, hay que tener cuidado: no le puedo hacer la vida tan fácil.

El otro día fui a ver la obra "Hans Pozo", que me encantó, y en un momento hay un monólogo en que el tema es el olor de la pobreza, y que tiene que ver con un montón de cosas. Parece que yo, siendo pobre, nunca me sentí tan pobre: el actor hablaba de las plantillas de papel de diario en los zapatos... Mi colegio -Compañía de María de Seminario- era de clase media: ¡y todas mis compañeras usaban plantillas de papel de diario en los zapatos en el invierno! También hablaba de otras cosas, que le pasan a todo el mundo: el olor a mantequilla, el olor a gas en la casa.

Nunca pasé realmente hambre, porque en mi colegio había familias de distintas realidades y yo me vinculaba con gente que estaba bien: si en mi casa no había para comer, me las arreglaba para ir a la casa de una amiga. Incluso me fui algunos días, un tiempo, a vivir a la casa de una compañera de curso. Eran necesidades que tenía en ese momento. No me acuerdo si fueron dos semanas o dos meses, ni ella se acuerda, porque era una casa de muchos hermanos que siempre estaba repleta de gente. Otro tiempo me fui a vivir a la casa de mis abuelos en Las Condes: ellos tenían una buena situación.

Mi constante interés por hacer muchas cosas, distintos trabajos, está relacionado con este pasado: siempre tuvo que ver con el temor de que esto durara poco, por la misma inestabilidad que tiene esta carrera.

Pero cuando uno decide estudiar teatro sabe que es así. De hecho, nunca me imaginé que iba a trabajar en la televisión ni que iba a tener la situación que tengo hoy día. Pensaba que iba a tener que hacer queques para poder sobrevivir. De verdad: esa era mi fantasía de la vida de una actriz profesional. Lo que sí sabía era que me las podía arreglar de alguna manera. La vida me ha sorprendido. Aunque también he logrado comprender por qué suceden las cosas. Llevo 14 años de carrera. No es poco. He hecho un montón de cosas en este tiempo. Me ha ido bien, pero ha sido fruto de mucho, mucho trabajo.
Fuente: Revista Ya